viernes, 27 de marzo de 2015

…triunfen sobre el mal haciendo el bien.


Por eso, hermanos míos, ya que Dios es tan bueno con ustedes, les ruego que dediquen toda su vida, a servirle y a hacer todo lo que a él  le agrada. Así es como se le debe adorar. Y no vivan ya como vive todo el mundo. Al contrario, cambien de manera de ser y de pensar. Así podrán saber qué es lo que Dios quiere, es decir, todo lo que es bueno, agradable y perfecto.

Dios en su bondad me nombró apóstol, y por eso les pido que no se crean mejores de lo que realmente son. Más bien, véanse ustedes mismos según la capacidad que Dios les ha dado como seguidores de Cristo. El cuerpo humano está compuesto de muchas partes, pero no todas ellas tienen la misma función.

Algo parecido pasa con nosotros como iglesia: aunque somos muchos, todos juntos formamos el cuerpo de Cristo. Dios nos ha dado a todos diferentes capacidades, según lo que él quiso darle a cada uno. Por eso, si Dios nos autoriza para hablar en su nombre, hagámoslo como corresponde a un seguidor de Cristo. Si nos pone a servir a otros, sirvámosles bien. Si nos da la capacidad de enseñar, dediquémonos a enseñar. Si nos pide animar a los demás, debemos animarlos. Si de compartir nuestros bienes se trata, no seamos tacaños. Si debemos dirigir a los demás, pongamos en ello todo nuestro empeño. Y si nos toca ayudar a los necesitados, hagámoslo con alegría.

Amen a los demás con sinceridad. Rechacen todo lo que sea malo, y no se aparten de lo que sea bueno. Aménse unos a otros como hermanos, y respétense siempre. Trabajen con mucho ánimo, y no sean perezosos. Trabajen para Dios con mucho entusiasmo.

Mientras esperan al Señor, muéstrense alegres; cuando sufran por el Señor, muéstrense pacientes, cuando oren al Señor, muéstrense constantes. Compartan lo que tengan con los pobres de la iglesia. Reciban en sus hogares a los que vengan de otras ciudades y países.

No maldigan a sus perseguidores; más bien, pídanle a Dios que los bendiga. Si alguno está alegre, alégrense con él; si alguno está triste, acompáñenlo en su tristeza. Vivan siempre en armonía, y no sean orgullosos, sino traten como iguales a la gente humilde. No se crean más inteligentes que los demás.

Si alguien los trata mal, no le pagues con la misma moneda. Al contrario, busquen siempre hacer el bien a todos. Hagan todo lo posible por vivir en paz con todo el mundo. Queridos hermanos, no busquen la venganza, sino dejen que Dios se encargue de castigar a los malvados. Pues en la Biblia Dios dice: A mí me toca vengarme. Yo le daré  a cada cual su merecido. Y también dice: Si tu enemigo tiene hambre, dale de comer; si tiene sed, dale de beber. Así harás que le arda la cara de vergüenza. No se dejen vencer por el mal. Al contrario, triunfen sobre el mal haciendo el bien.
Aquí puedes  darte cuenta que lo esencial es que el hombre cambie su manera de vivir, que sea diferente a como vive todo el mundo y sobre todo, que no se crea mejor delo que aparenta ser, sino más bien que el hombre haga lo bueno, lo que agrada a Dios.

No obstante, Dios da a cada quien capacidades diferente para que se ayuden y complementen unos a otros, pero todo lo que el hombre propone que lo haga con alegría y empeño.

Asimismo, es importante que el hombre  ame con sinceridad a los demás, que trabaje con ahínco y aún en la adversidad que el hombre espere con paciencia, y la prioridad es que el hombre busque siempre hacer el bien a todos, pues la venganza es de Dios.


Con Alta Estima, 

miércoles, 25 de marzo de 2015

…Dios los eligió porque él es bueno, y no porque ellos hayan hecho algo para merecerlo.


Entonces me pregunto: ¿Será que Dios ha rechazado al pueblo que él mismo eligió? ¡Claro que no! Dios no ha rechazado a los judíos, a quienes eligió desde el principio de la creación. Yo mismo soy israelita; soy descendiente de Abraham y pertenezco a la tribu de Benjamín. Como ustedes bien saben, hay en la Biblia un relato, en donde Elías se queja con Dios acerca del pueblo de Israel. Allí Elías le dice a Dios: Señor, han matado a tus profetas y han destruido tus altares. Yo soy el único profeta que queda con vida y también a mí me quieren matar. Pero Dios le contesta: Todavía tengo siete mil israelitas que no han adorado al falso dios Baal.

Lo mismo pasa ahora. Dios es bueno, y ha elegido a un pequeño grupo de judíos que aún confían en él. Pero Dios los eligió porque él es bueno, y no porque ellos hayan hecho algo para merecerlo. Esto sólo puede suceder así porque Dios es bueno de verdad.

Realmente, sólo el pequeño grupo elegido por Dios logró encontrar lo que todos los demás buscaban. 
Y es que los demás eran muy tercos. Como dice la Biblia: Dios les cerró la mente, los ojos y los oídos, hasta el día de hoy. También leemos que David dijo: ¡Que sus fiestas se conviertan en trampas y redes, para que desagraden a Dios y sean castigados! ¡Que se nublen sus ojos para que no puedan ver! ¡Que para siempre sus espaldas se doblen de tanto sufrir!

Sin embargo, aunque los judíos no pudieron agradar a Dios, tampoco fallaron del todo. Más bien, por la desobediencia de los judíos, los que no son judíos pueden ser salvados por Dios. Y esto hará que los judíos se pongan celosos. Ahora bien, si por la desobediencia de los judíos el resto del mundo recibió ayuda, ¡con más razón la recibirá cuando todos los judíos sean aceptados por Dios!

Lo que voy a decir ahora es para ustedes, los que no son judíos. Dios me ha enviado para trabajar entre ustedes, y para mí esa tarea es muy importante. Espero que con esto algunos de mi país  se pongan celosos de ustedes, y así Dios pueda salvarlos también a ellos. Pues si Dios, al rechazar a los judíos, aceptó al resto de la humanidad, ¡imagínense cómo será cuando los judíos sean aceptados! ¡Los que ahora viven como muertos tendrán vida eterna!

Si alguien le ofrece a Dios el primer pan que hornea, en realidad le está ofreciendo toda la masa con que hizo el pan. Si a Dios se le ofrecen las raíces de un árbol, entonces también las ramas del árbol le pertenecen. Cuando Dios rechazó a algunos judíos, y a ustedes los aceptó en su lugar, ustedes llegaron a formar parte del pueblo de Dios, y así recibieron la vida eterna. Pero no vayan a creerse mejores que los judíos que fueron rechazados. Recuerden que ustedes han recibido esa vida gracias a ellos, y no ellos gracias a ustedes.

Tal vez piensen que ellos fueron rechazados para que ustedes fueran aceptados en el pueblo de Dios. Y es verdad. Pero ellos fueron rechazados por no confiar en Dios, y ustedes fueron aceptados solamente por confiar en él. Así que no se pongan orgullosos, más bien, tengan cuidado. Si Dios rechazó a los judíos en general, también podría hacer lo mismo con ustedes.

Fíjense en lo bueno que es Dios, pero también tomen en cuenta que Dios es muy estricto. Es estricto con los que han pecado, pero ha sido bueno con ustedes. Y seguirá siéndolo, si ustedes le son agradecidos y se portan bien. De lo contrario, también a ustedes los rechazará.

Si los judíos cambian y confían en Dios, volverán a formar parte de su pueblo, pues Dios tiene poder para hacerlo. Después de todo, no es lógico tomar algo de buena calidad y mezclarlo con algo de mala calidad. Si Dios los aceptó a ustedes, que no eran parte de su pueblo, con más razón volverá a aceptar a los judíos que sí lo son.

Hermanos en Cristo, hay mucho que ustedes todavía no saben. Por eso voy a explicarles el plan que Dios tenía en secreto. Algunos de los judíos se han vuelto muy tercos y no quieren creer en Jesucristo; pero sólo se portarán así hasta que los no judíos pasen a formar parte de su pueblo. Después de eso, Dios salvará a todo el pueblo de Israel. Como lo dice en la Biblia: El Salvador vendrá de Jerusalén, y limpiará toda la maldad del pueblo de Israel. Yo he prometido hacer esto cuando les perdone sus pecados.

Por ahora, Dios actúa con los judíos como si fueran sus enemigos. Pero lo hace sólo para darles a ustedes la oportunidad de creer en la buena noticia. Dios sigue amando a los judíos, pues eligió a sus antepasados para formar su pueblo. Dios no da regalos para luego quitarlos, ni se olvida de las personas que ha elegido.

En el pasado, ustedes desobedecieron a Dios. Pero ahora que los judíos no han querido obedecerlo, Dios se ha compadecido de ustedes. Y así como Dios les ha mostrado a ustedes su compasión, también lo harán con ellos. Pues Dios hizo que todos fueran desobedientes, para así tenerles compasión a todos.

¡Dios es inmensamente rico! ¡Su inteligencia y su conocimiento son tan grandes que no se pueden medir! Nadie es capaz de entender sus decisiones, ni de explicar sus hechos. Como dice la Biblia: ¿Sabe alguien cómo piensa Dios? ¿Puede alguien darle consejos? ¿Puede acaso alguien regalarle algo a Dios, para que él esté obligado a darle algo a cambio? En realidad todo fue creado por Dios; todo existe por él y para él. Así que, ¡alabemos a Dios por siempre! Amén.

Aquí puedes darte cuenta que lo más importante es que el hombre confíe en Dios y que recuerde que Dios elige a quien El quiere, porque Dios es bueno, y sabes El mira el  corazón de cada persona, si realmente esa persona le ama con sinceridad.

No obstante, es de prioridad que el hombre sea obediente pues Dios aceptó al hombre, al gentil aunque no pertenecía a su pueblo elegido porque mostró su confianza en El.

Lo esencial es que el hombre sea humilde, apartado del pecado y sea agradecido con Dios ya que vive en la gracia de Dios, por lo que el hombre debe creer en nuestro Señor Jesucristo, que fue enviado por Dios al mundo para dar su vida y salvar a la humanidad, a redimir los pecados.

Así pues, el hombre debe honrar a Dios aunque no entienda sus decisiones ni sus acciones pues Dios es bueno, y, además  el hombre  debe considerar que todo lo que existe fue creado por Dios y es para que el hombre lo disfrute.


Alta Estima,

lunes, 23 de marzo de 2015

¿Y cómo van a confiar en él, si nada saben de él?


Hermanos en Cristo, con todo mi corazón deseo y pido a Dios que él salve del castigo a los israelitas. Estoy seguro de que ellos tienen muchos deseos de servir a Dios, pero no saben cómo hacerlo. No comprenden que sólo Dios nos puede declarar inocentes. Por eso han tratado de hacer algo para que Dios los acepte. En realidad, han rechazado la manera en que Dios quiere aceptarlos. Dios ya no nos acepta, por obedecer la ley; ahora sólo acepta a los que confían en Cristo. Con Cristo, la ley llegó a su cumplimiento.

Al referirse a los que obedecen la ley para que Dios los acepte, Moisés escribió lo siguiente: La persona que obedezca la ley se salvará si la cumple. Al contrario, esto es lo que dice de los que confían en Dios para que él los acepte: Nunca te preguntes: ¿Quién subirá al cielo?, es decir, subir al cielo para pedirle a Cristo que baje. Tampoco te preguntes: ¿Quién bajará al mundo de los muertos, es decir, bajar allá para pedirle a Cristo que resucite.

Más bien, la Biblia dice: El mensaje de Dios está cerca de ti; está en tu boca y en tu corazón. Y ese mismo mensaje es el que les traemos: que debemos confiar en Dios. Pues si ustedes reconocen con su propia boca que Jesús es el Señor, y si creen de corazón que Dios lo resucitó, entonces se librarán del castigo que merecen. Pues si creemos de todo corazón, seremos aceptados por Dios; y si con nuestra boca reconocemos que Jesús es el Señor, Dios nos salvará.

La Biblia dice: Dios no deja en vergüenza a los que confían en él. No importa si son judíos o no lo son, porque todos tienen el mismo Dios, y él es muy bueno con todos los que le piden ayuda. Pues la Biblia también dice: Dios salvará a los que lo reconozcan como su Dios. Pero, ¿cómo van a reconocerlo si no confían en él? ¿Y cómo van a confiar en él, si nada saben de él? ¿Y cómo van a saberlo, si nadie les habla acerca del Señor Jesucristo? ¿Y cómo hablarán de Jesucristo, si Dios no los envía? Como dice la Biblia: ¡Qué hermoso es ver llegar a los que traen buenas noticias!

Sin embargo, no todos han aceptado estas buenas noticias. Como dijo el profeta Isaías: Señor, ¡nadie ha creído a nuestro mensaje! Así que las personas llegan a confiar en Dios cuando oyen el mensaje acerca de Jesucristo. Pero yo pregunto: ¿Será que no han tenido oportunidad de oír el mensaje? ¡Claro que lo han oído! Porque la Biblia dice: Sus palabras recorren toda la tierra y llegan hasta el fin del mundo.

Vuelvo entonces a preguntar: ¿Será que los israelitas no se han dado cuenta? ¡Claro que sí se han dado cuenta! Pues, en primer lugar, Dios dijo por medio de Moisés: Haré que los israelitas se pongan celosos de un pueblo sin importancia. Haré que se enojen con gente de poco entendimiento.

Después, Isaías se atrevió a recordar algo que Dios había dicho: Me encontraron aquellos que no me buscaban. Me presenté ante gente que no preguntaba por mí. Pero el pueblo de Israel, Dios dijo por medio de Isaías: {Todo el día le ofrecí ayuda a un pueblo terco y desobediente.

Aquí puedes darte cuenta que es fundamental que el hombre confíe en Dios y que reconozca al Señor Jesús como el Señor y que crea que Dios lo resucitó para salvar al hombre y que sea aceptado por Dios.

Así pues, lo importante es que el hombre sepa que Dios es único y verdadero, y el hombre que busca a Dios,  le conozca cada día más, pues El ayuda al hombre que se arrepiente y toma la decisión de cambiar, de hacer lo bueno.

No obstante, es prioridad que el hombre regenerado estreche su relación con Dios pues Dios elige a todo aquel que El quiere que lleve las buenas noticias a las personas que no le conocen y a todo aquel de poco entendimiento, pero sabes, es necesario que el hombre esté atento y oiga el mensaje de Dios y lo obedezca.


Con Alta Estima,

…Dios no defraudará a los que confíen en él.


Yo creo en Jesucristo, y por eso digo la verdad. El Espíritu Santo me guía, y en lo más profundo de mi ser me asegura que no miento. Es verdad que estoy muy triste, y que en mi corazón siento un dolor que no me deja. Sufro por los judíos, que son mi pueblo, y quisiera ayudarlos. Yo estaría dispuesto a caer bajo la maldición de Dios, y a quedar separado de Cristo, si eso los ayudara a estar cerca de Dios. Ellos son el pueblo que Dios ha elegido. A ellos Dios les dio el derecho de ser sus hijos. Dios ha estado con ellos, y les ha mostrado su gran poder. Hizo pactos con ellos, y les dio su ley. Les enseñó a adorarlo de verdad, y también les hizo promesas. Ellos pertenecen al pueblo de Dios. Y el Mesías, como hombre, pertenece a ese mismo pueblo. El gobierna sobre todas las cosas, y es Dios. ¡Alabado sea Dios por siempre! Amén.

No estoy diciendo que Dios no haya cumplido sus promesas con el pueblo de Israel. Pero no todos los judíos son realmente parte del pueblo de Israel., ni todos los descendientes de Abraham son verdaderos hijos de Abraham. Pues Dios le había dicho: Tu descendencia vendrá por medio de Isaac. Esto significa que nadie es hijo de Dios sólo por pertenecer a cierta familia o raza. Al contrario, la verdadera familia de Abraham la forman todos los descendientes de Isaac. Porque Isaac fue quien nació para cumplir la promesa que Dios le hizo a Abraham: Dentro de un año volveré, y para entonces Sara ya tendrá un hijo.

Pero eso no es todo. Aun cuando los dos hijos de Rebeca eran de nuestro antepasado Isaac. Dios eligió sólo a uno de ellos para formar su pueblo. Antes de nacer, ninguno de los niños había hecho nada, ni bueno ni malo. Sin embargo, Dios le dijo a Rebeca que el mayor serviría al menor.  Con esto Dios demostró que él elige a quien él quiere, de acuerdo con su plan. Así que la elección de Dios no depende de lo que hagamos. Como dice la Biblia: Preferí a Jacob, y no a Esaú.

¿Y por eso vamos a decir que Dios es injusto? ¡Claro que no! Porque Dios le dijo a Moisés: Yo tendré compasión de quien yo quiera tenerla. Así que la elección de Dios no depende de que alguien quiera ser elegido, o se esfuerce por serlo. Más bien, depende de que Dios le tenga compasión.
En la Biblia leemos que Dios le dijo al rey de Egipto: Te hice rey, precisamente para mostrar mi poder por medio de todo lo que haré contigo, y para que todo el mundo me conozca. Así que todo depende de lo que Dios decida hacer: él se compadece de quien quiere, y a quien quiere lo vuelve terco.

Si alguien me dijera: ¿De qué nos va a culpar Dios, si nadie puede oponerse a sus deseos?, Yo le contestaría: Amigo mío tú no eres nadie para cuestionar las decisiones de Dios. La olla de barro no puede quejarse con el que la hizo, de haberle dado esa forma. El alfarero puede hacer con el barro lo que quiera. Con el mismo barro puede hacer una vasija para usarla en ocasiones especiales, y también una vasija de uso diario.

Algo parecido ha hecho Dios. Ha querido dar un ejemplo de castigo, para que todo el mundo conozca su poder. Por eso tuvo mucha paciencia con los que merecían ser castigados y destruidos. Al mismo tiempo, demostró su gran amor y poder para salvarnos. Desde un principio nos tuvo compasión, y nos eligió para vivir con él. Y no le importó que fuéramos judíos o no lo fuéramos. Como dice Dios en el libro del profeta Oseas: A un pueblo que no me pertenece, lo llamaré mi pueblo. A un pueblo que no amo, le mostraré mi amor. Y allí donde les dije: Ustedes no son mi pueblo, les diré: Ustedes son mi pueblo, porque yo soy el Dios de la vida.

Además, el profeta Isaías dijo acerca de los israelitas: Aunque los israelitas sean tantos como los granos de arena en la playa, sólo unos cuantos serán salvados.

Muy pronto el Señor juzgará a todos los habitantes de la tierra. Y, como el mismo Isaías dijo: Si el Dios todopoderoso no hubiera salvado a unos pocos, ahora mismo estaríamos como las ciudades de Sodoma y Gomorra.

¿Qué más les puedo decir? Que aunque la gente de otros pueblos no estaba haciendo nada para que Dios los aceptara, él los aceptó porque confiaron en él. En cambio, los israelitas fueron rechazados, porque trataban de cumplir la ley para que Dios los aceptara. ¿Y por qué no fueron aceptados? Porque querían que Dios los aceptara por lo que hacían, y no por confiar sólo en él. Por eso Cristo fue para ellos como una piedra en la que tropezaron. En la Biblia Dios dijo: Yo pongo en Jerusalén una roca con la cual muchos tropezarán y caerán. Pero Dios no defraudará a los que confíen en él.

Aquí puedes darte cuenta que el hombre debe amar a Jesús, confiar en ÉL y pedirle a Dios que su Espíritu le guíe para hacer lo bueno,

Asimismo, el hombre debe entender que Dios elige a quien él quiere, pues Dios conoce a cada persona y mira su corazón y valora si puede ser un instrumento útil, no importa la edad, no importa si no ha hecho nada malo, pues Dios elige con compasión y de acuerdo al plan que El tiene.
Por lo que es conveniente que el hombre entienda que Dios es todopoderoso y El decide lo que hará, y entonces, el hombre no debe cuestionar sus decisiones.

Ahora bien, lo esencial es que el hombre crea en Dios, el Dios de la vida, quien mostró su amor y, envió a su Hijo Jesús, quien dio su vida y resucitó para salvar al mundo y que el hombre establezca una relación personal con El y por ende, pertenezca al pueblo de Dios.

Por lo tanto, lo prioritario es que el hombre confíe en Dios pues sólo Dios no defrauda sino más bien el hombre recibe el poder de Dios y la fuerza para no tropezar y  vencer los obstáculos.


Con Alta estima, 

sábado, 21 de marzo de 2015

…sí el Espíritu de Dios vive en ustedes, ya no tienen que seguir sus malos deseos

Por lo tanto, los que vivimos unidos a Jesucristo no seremos castigados. Ahora, por estar unidos a él, el Espíritu Santo nos controla y nos da vida, y nos ha librado del pecado, y de la muerte. Dios ha hecho lo que la ley de Moisés no era capaz de hacer, ni podría haber hecho, porque nadie puede controlar sus deseos de hacer lo malo. Dios envió a su propio Hijo, y lo envió tan débil como nosotros, los pecadores. Lo envió para que muriera por nuestros pecados. Así, por medio de él, Dios destruyó al pecado. Así, por medio de él, Dios destruyó al pecado. Lo hizo para que ya no vivamos de acuerdo con nuestros malos deseos, sino conforme a todos los justos mandamientos de la ley, con la ayuda del Espíritu Santo.

Los que viven sin controlar sus malos deseos, sólo piensan en hacer lo malo. Pero los que viven obedeciendo al Espíritu Santo sólo piensan en hacer lo que desea el Espíritu. Si vivimos pensando en todo lo malo que nuestros cuerpos desean, entonces quedaremos separados de Dios. Pero si pensamos sólo en  lo que desea el Espíritu Santo, entonces tendremos vida eterna y paz. Los que no controlan sus malos deseos sólo piensan en hacer lo malo. Son enemigos de Dios, porque no quieren ni pueden obedecer la ley de Dios. Por eso, los que viven obedeciendo sus malos deseos no pueden agradarlo.

Pero, sí el Espíritu de Dios vive en ustedes, ya no tienen que seguir sus malos deseos, sino obedecer al Espíritu de Dios. El que no tiene al Espíritu de Cristo, no es de Cristo. Por culpa del pecado, sus cuerpos tienen que morir. Pero si Cristo vive en ustedes, también el espíritu de ustedes vivirá, porque Dios los habrá declarado inocentes. Dios resucitó a Jesús, y él también hará que los cuerpos muertos de ustedes vuelvan a vivir, si es que el Espíritu de Dios vive en ustedes. Esto Dios lo hará por medio de su Espíritu, que vive en ustedes.

Por eso, hermanos, ya no estamos obligados a vivir de acuerdo con nuestros propios deseos. Si ustedes viven de acuerdo a esos deseos, morirán para siempre; pero si por medio del Espíritu Santo ponen fin a esos malos deseos, tendrán vida eterna. Todos los que viven en obediencia al Espíritu de Dios, son hijos de Dios. Porque el Espíritu que Dios les ha dado no los esclaviza ni les hace tener miedo. Por el contrario, el Espíritu los convierte en Hijos de Dios y nos permite llamar a Dios: ¡Papá! El Espíritu de Dios se une a nuestro espíritu, y nos asegura que somos sus hijos, tenemos derecho a todo lo bueno que él ha preparado para nosotros. Todo eso lo compartiremos con Cristo. Y si de alguna manera sufrimos como él sufrió, seguramente también compartiremos con él la honra que recibirá.

Estoy seguro de que los sufrimientos por los que ahora pasamos no son nada, si lo comparamos con la gloriosa vida que Dios nos dará junto a él. El mundo entero espera impaciente que Dios muestre a todos que nosotros somos sus hijos. Pues todo el mundo está confundido, y no por su culpa, sino porque Dos así lo decidió. Pero al mundo le queda todavía la esperanza de ser liberado de su destrucción. Tiene la esperanza de compartir la maravillosa libertad de los hijos de Dios. Nosotros sabemos que este mundo se queja y sufre de dolor, como cuando una mujer embarazada está a punto de dar a luz.

Y no sólo sufre el mundo, sino que también sufrimos nosotros, los que tenemos al Espíritu Santo, que es el anticipo de todo lo que Dios nos dará después. Mientras esperamos que Dios adopte definitivamente como sus hijos, y nos libere del todo, sufrimos en silencio. Dios nos salvó porque tenemos la confianza de que así sucederá. Pero esperar lo que ya se está viendo no es esperanza, pues ¿quién sigue esperando algo que ya tiene? Sin embargo, si esperamos recibir algo que todavía no vemos, tenemos que esperarlo con paciencia.

Del mismo modo, y puesto que nuestra confianza en Dios es débil, el Espíritu Santo nos ayuda. Porque no sabemos cómo debemos orar a Dios, pero el Espíritu mismo ruega por nosotros, y lo hace de modo tan especial que no hay palabras para expresarlo. Y Dios, que conoce todos nuestros pensamientos, sabe lo que el Espíritu Santo quiere decir. Porque el Espíritu ruega  a Dios por su pueblo especial, y sus ruegos van de acuerdo con lo que Dios quiere.

Sabemos que Dios va preparando todo para el bien de los que lo aman, es decir, de los que él ha llamado de acuerdo con su plan. Desde el principio, Dios ya sabía a quiénes iba a elegir, y ya había decidido que fueran semejantes a su Hijo, para que este sea el Hijo mayor. A los que él ya había elegido, los llamó; y a los que llamó también los aceptó; y a los que aceptó les dio un lugar de honor.
Sólo nos queda decir que, si Dios está de nuestra parte, nadie podrá estar en contra de nosotros. Dios no nos negó ni siquiera a su propio Hijo, sino que lo entregó por nosotros, así que tan bien nos dará junto con él todas las cosas. ¿Quién puede acusar de algo malo a los que Dios ha elegido? ¡Si Dios mismo los ha declarado inocentes! ¿Puede alguien castigarlos? ¡De ninguna manera, pues Jesucristo murió por ellos! Es más, Jesucristo resucitó, y ahora está a la derecha de Dios, rogando por nosotros. ¿Quién podrá separarnos del amor de Jesucristo? Nada ni nadie. Ni los problemas, ni los sufrimientos, ni las dificultades. Tampoco podrán hacerlo el hombre ni el frío, ni los peligros ni la muerte. Como dice la Biblia: Por causa suya nos matan; ¡por ti nos tratan siempre como a ovejas para el matadero!

En medio de todos nuestros problemas, estamos seguros de que Jesucristo, quién nos amó, nos dará la victoria total. Yo estoy seguro de que nada podrá separarnos del amor de Dios, ni la vida ni la muerte, ni los ángeles ni los espíritus, ni lo presente ni lo futuro, ni los poderes del cielo ni los del infierno, ni nada de lo creado por Dios. ¡Nada, absolutamente nada, podrá separarnos del amor que Dios nos ha mostrado por medio de nuestro Señor Jesucristo.

Aquí puedes darte cuenta que el hombre arrepentido verdaderamente ,  camina  hacia adelante y su vida se regenera  y el Espíritu de Dios vive en El y guía su vida por el camino correcto, cumple sus mandamientos de día y de noche, de manera que agrada a Dios y gracias a la muerte y resurrección de nuestro Señor Jesucristo, el hombrees es librado de la autodestrucción y es llamado Hijo de Dios.

No obstante, lo importante es que el hombre confíe en Dios y sepa esperar pacientemente pues  lo que Dios ha prometido,  El lo cumplirá, El elige a las personas y la obra que Dios empieza en cada persona  el Señor la  termina y así el hombre fiel  todavía no ve pero cree y espera de acuerdo a su Palabra .Además, con el Espíritu de Dios, el hombre  vence el sufrimiento, los malos deseos y en toda circunstancia adversa saldrá victorioso.

Así pues, es tiempo de que el hombre sepa que nadie puede separarnos del amor de Dios, por lo que esencial que el hombre  esté preparado, obedeciendo los mandamientos, y sabes,  es de prioridad  que el hombre desarrolle una conciencia y voluntad firme para que renueve su mente y establezca un estilo nuevo de vida y así con su conducta honre a Dios.


Con Alta Estima,

jueves, 19 de marzo de 2015

…yo no soy más que un simple hombre, y no puedo controlar mis malos deseos.


Hermanos en Cristo, ustedes conocen la ley de Moisés, y saben que debemos obedecerla sólo mientras vivamos. Por ejemplo, la ley dice que la mujer casada será esposa de su marido sólo mientras él viva. Pero si su esposo muere, ella quedará  libre de la ley que unía a su esposo. Si ella se va a vivir con otro hombre mientras su esposo vive todavía, se podría culparla de ser infiel a su esposo. Pero si su esposo muere, ella quedará libre de esa ley, y podrá volverá casarse sin que se le acuse de haber sido infiel.

Algo parecido sucede con ustedes, mis hermanos. Por medio de la muerte de Cristo, ustedes ya están bajo el control de la ley. Ahora ustedes son de Cristo, a quien Dios resucitó. De modo que podemos servir a Dios haciendo el bien. Cuando vivíamos sin poder dominar nuestros malos deseos, la ley sólo servía para que deseáramos hacer más lo malo. Y así, todo lo que hacíamos nos separaba más de Dios. Pero ahora la ley ya no puede controlarnos. Es como si estuviéramos muertos. Somos libres, y podemos servir a Dios de manera distinta. Ya no lo hacemos como antes, cuando obedecíamos la antigua ley, sino que ahora obedecemos al Espíritu Santo.

¿Quiere decir esto que la ley es pecado? ¡Claro que no! Pero si no hubiera sido por la ley, ya no habría entendido lo que es el pecado. Por ejemplo, si la ley no dijera: No se dejen dominar por el deseo de tener lo que otros tienen, yo no sabría que eso es malo. Cuando no hay ley, el pecado no tiene ningún poder. Pero el pecado usó ese mandamiento de la ley, y me hizo desear toda clase de mal.

Cuando yo todavía no conocía la ley, vivía tranquilo; pero cuando conocí la ley, me di cuenta de que era un gran pecador y de que vivía alejado de Dios. Fue así como la ley, que debió haberme dado la vida eterna, más bien me dio la muerte eterna. Porque el pecado usó la ley para engañarme, y con esa misma ley me alejó de Dios.

Podemos decir, entonces, que la ley viene de Dios, y que cada uno de sus mandatos es bueno y justo. Con esto no estoy diciendo que la ley, que es buena, me llevó a la muerte. ¡De ninguna manera! El que hizo esto fue el pecado, que usó un mandato bueno. Así, por medio de un mandato bueno todos podemos saber lo realmente malo y terrible que es el pecado. Nosotros sabemos que la ley viene de Dios; pero yo no soy más que un simple hombre, y no puedo controlar mis malos deseos. Soy un esclavo del pecado. La verdad es que no entiendo nada de lo que hago, pues en vez de hacer lo bueno que quiero hacer, hago lo malo que no quiero hacer. Pero, aunque hago lo que no quiero hacer, reconozco que la ley es buena. Así que no soy quien  hace lo malo, sino el pecado que está dentro de mí. Yo sé que mis deseos egoístas no me permiten hacer  lo bueno, pues aunque quiero hacerlo, no puedo hacerlo. En vez de lo bueno que quiero hacer, hago lo malo que no quiero hacer: Pero si hago lo que no quiero hacer, en realidad no soy yo quien lo hace, sino el pecado que está dentro de mí.
Me doy cuenta entonces de que, aunque quiero hacer lo bueno, sólo puedo hacer lo malo. En lo más profundo de mi corazón amo la ley de Dios. Pero también me sucede otra cosa: hay algo dentro de mí, que lucha contra lo que creo que es bueno. Trato de obedecer la ley de Dios, pero me siento como en una cárcel, donde lo único que puedo hacer es pecar. Sinceramente, deseo obedecer la ley de Dios, pero no puedo dejar de pecar porque mi cuerpo es débil para obedecerla. ¡Pobre de mí! ¿Quién me librará de este cuerpo, que me hace pecar y me separa de Dios? ¡Le doy gracias a Dios, porque sé que Jesucristo me ha librado!

Aquí puedes darte cuenta que lo más importante es que el hombre dependa de Dios y que le pida sabiduría para poder vencer los malos deseos, pues lo más importante es que el hombre busque a Dios y pueda hacer el bien.

No obstante, si el hombre se arrepiente verdaderamente y vive apegado a su Palabra cambie su manera de vivir y, entonces el hombre al recibir el Espíritu de Dios puede dominar sus malos deseos.

Por tanto, el hombre debe entender que las enseñanzas de Nuestro Señor Jesucristo, su ley es buena y ayuda al hombre a abrir sus ojos  para que pueda discernir el bien y el mal, y así el hombre decide si hace lo bueno, lo que agrada a Dios.

Asimismo, es de prioridad  que el hombre reconozca a Jesús como su salvador, quien dio su vida y se entregó a sí mismo y resucitó para salvar al hombre y que tenga una vida nueva.

Ahora bien, es tiempo de que el hombre regenerado, que ahora obedece la ley de Dios, con gratitud honre a Jesús por su sacrificio en la cruz, que ganó esa libertad.


Con Alta Estima,

miércoles, 18 de marzo de 2015

Así que no dejen que el pecado los use para hacer lo malo.


¿Qué más podemos decir? ¿Seguiremos pecando para que Dios nos ame más todavía? ¡Por supuesto que no! Nosotros ya no tenemos nada que ver con el pecado, así que ya no podemos seguir pecando. Ustedes bien saben que por medio del bautismo, nos hemos unido a Cristo en su muerte. Al ser bautizados, morimos y somos sepultados con él; pero morimos para nacer a una vida totalmente diferente. Eso mismo pasó con Jesús, cuando Dios el Padre lo resucitó con gran poder.

Si al bautizarnos participamos en la muerte de Cristo, también participaremos de su nueva vida. Una cosa es clara: antes éramos pecadores, pero cuando Cristo murió en la cruz, nosotros morimos con él. Así que el pecado ya no nos gobierna. Al morir, el pecado perdió su poder sobre nosotros.

Si por medio del bautismo morimos con Cristo, estamos seguros de que también viviremos con él. Sabemos que Jesucristo resucitó, y que nunca más volverá a morir, pues la muerte ya no tiene poder sobre él. Cuando Jesucristo murió, el pecado perdió para siempre su poder sobre él. La vida que ahora vive, es para agradar a Dios.

De igual manera, el pecado ya no tiene poder sobre ustedes, sino que Cristo les ha dado vida, y ahora viven para agradar a Dios. Así que no dejen que el pecado los gobierne, ni que los obligue a obedecer los malos deseos de su cuerpo. Ustedes ya han muerto al pecado, pero ahora han vuelto a vivir. Así que no dejen que el pecado los use para hacer lo malo. Más bien, entréguense a Dios, y hagan lo que a él le agrada. Así el pecado ya no tendrá poder sobre ustedes, porque ya no son esclavos de la ley. Ahora están al servicio del amor de Dios.

Alguien podría decir que, como ya no somos esclavos de la ley, sino que estamos al servicio del amor de Dios, podemos seguir pecando. Pero eso no es posible. Ustedes saben de quien siempre obedece a una persona, llega a ser su esclavo. Nosotros podemos servir al pecado y morir, o bien obedecer a Dios y recibir su perdón.  Antes, ustedes eran esclavos del pecado. Pero gracias a Dios que obedecieron de todo corazón la enseñanza que se les dio. Ahora ustedes se han librado del pecado, y están al servicio de Dios para hacer el bien.

Como a ustedes todavía les cuesta entender esto, se lo explico con palabras sencillas y bien conocidas. Antes ustedes eran esclavos del mal, y cometían pecados sexuales y toda clase de maldades. Pero ahora tienen que dedicarse completamente al servicio de Dios.

Cuando ustedes eran esclavos del pecado, no tenían que vivir como a Dios le agrada. ¿Pero qué provecho sacaron? Tan sólo la vergüenza de vivir separados de Dios para siempre. Sin embargo, ustedes ya no son esclavos del pecado. Ahora son servidores de Dios. Y esto sí que es bueno, pues el vivir sólo para Dios les asegura que tendrán la vida eterna. Quien sólo vive para pecar, recibirá como castigo la muerte. Pero Dios nos regala la vida eterna por medio de Cristo Jesús, nuestro Señor.

Aquí puedes darte cuenta que el hombre debe morir a su”yo”, dejar el egoísmo, pues  el hombre al nacer de nuevo y por el bautismo, el hombre es purificado,entonces,  el hombre es regenerado pues nace a una vida diferente.

Así pues, el hombre que nace de nuevo, con su conducta agrada a Dios y puede  estar a su servicio, es decir, haciendo el bien.

Por tanto, es tiempo que el hombre se vuelva a Dios, que se aparte del pecado tomando conciencia de que este lo lleva a conducirse de manera negativa pero al arrepentirse, el hombre ya no es gobernado por el pecado y Dios le perdona , siendo específico que el hombre viva sólo para Dios.


Con Alta Estima,