sábado, 8 de noviembre de 2014

Sean buenos de verdad…


Tiempo después, Jesús les dijo a la gente y a sus discípulos: Los fariseos y los maestros de la Ley son los que más conocen la ley de Moisés. Ustedes deben hacer todo lo que ellos digan, pero no hagan lo que ellos hacen, porque enseñan una cosa y hacen otra. Imponen mandamientos muy difíciles de cumplir, pero no hacen ni el más mínimo esfuerzo por cumplirlos. Todo eso lo hacen para que la gente los vea y los admire. Por eso escriben frases de la Biblia en papelitos que guardan en cajitas de cuero, y se las ponen en la frente y en los brazos. Cada vez hacen más grandes esas cajitas y los flecos que le ponen a la ropa, para que la gente piense que son muy obedientes a Dios. Cuando van a la sinagoga o asisten a fiestas, les encanta que los traten como si fueran los más importantes. Les gusta que la gente los salude en el mercado con gran respeto, y que los llame maestros.

Pero ustedes no esperen que la gente los llame maestros, porque ustedes son como hermanos, y tienen solamente un maestro. No le digan padre a nadie, porque el único padre que ustedes tienen es Dios, que está en el cielo. Tampoco esperen que la gente los trate como líderes, porque yo, el Mesías, soy su único líder. El más importante de ustedes deberá ser el sirviente de todos. Porque los que se creen más importantes que los demás serán tratados como los menos importantes. Y los que se comportan como los menos importantes serán tratados como los más importantes.

Jesús les dijo a los fariseos y a los maestros de la Ley: ¡Qué mal les va a ir, hipócritas! Ustedes les cierran la puerta del reino de Dios a los demás. Y ni entran ustedes ni dejan que otros entren. ¡Qué  mal les va a ir, hipócritas! Ustedes van por todas partes tratando de ganar un seguidor y, cuando lo consiguen, lo hacen dos veces más merecedor del infierno que ustedes mismos.

¿Qué mal les va a ir! Se  supone que ustedes deben enseñar al pueblo a obedecer a Dios, pero ni ustedes mismos lo hacen. Enseñan que se puede no cumplir una promesa, si se jura sólo por el templo; pero que se debe cumplir esa promesa, si se jura sólo por el oro del templo; ¡Ustedes no saben nada, son unos tontos! No se dan cuenta de que el templo es más importante que el oro, y que el templo hace que el oro sea valioso ante Dios.

También enseñan que se puede no cumplir una promesa, si se jura sólo por el altar del templo, pero que se debe cumplir esa promesa si se jura, por la ofrenda que está sobre el altar. ¡Ignorantes! El altar de Dios es más importante que la ofrenda, y hace que la ofrenda sea valiosa ante Dios. Cuando una persona hace una promesa, y jura por el altar del templo que la cumplirá, está jurando no sólo por el altar, sino también por todo lo que hay sobre el altar. Y si alguien jura por el templo, no sólo está jurando por el templo, sino también por Dios que vive allí. Si jura por el cielo, también jura por Dios, porque el trono de Dios está en el cielo.

¡Qué mal les va a ir a ustedes, maestros de la Ley y fariseos! ¡Hipócritas! Se preocupan por dar como ofrenda la décima parte de la menta, del anís y del comino que cosechan en sus terrenos. Pero no obedecen las enseñanzas más importantes de la ley ser justos con los demás, tratarlos con amor, y obedecer a Dios en todo. Hay que hacer esas tres cosas, sin dejar de obedecer los demás mandamientos. ¡Ustedes, como líderes no saben nada! Cumplen los detalles más insignificantes de la ley, pero no cumplen lo más importante de ella. Ustedes son como los que, al beber vino, sacan el mosquito pero se tragan el camello que hay en el vino.

¡Qué mal les va a ir, hipócritas! Parecen buena gente, pero en realidad son malos, no ayudan a nadie, y roban a los demás ¡Tontos! Sean buenos de verdad, porque si no lo hacen, serán como un vaso o un plato limpio por fuera, pero lleno de suciedad por dentro. Pero si el vaso o el plato se limpian por dentro, todo estará limpio de verdad.

¡Qué mal les va a ir! Aparentan ser gente buena y honrada, pero en realidad son hipócritas y malvados. Son como una tumba pintada de blanco, que por fuera se ve limpia, pero que por dentro está llena de huesos y de suciedad. ¡Pobrecitos de ustedes, qué mal les va a ir, hipócritas! Construyen monumentos para recordar a los profetas muertos, y ponen adornos en las tumbas de las personas buenas. Dicen que, si hubieran vivido en aquel tiempo, no habrían estado de acuerdo con los que mataron a los profetas. Pero, en realidad, demuestran ser iguales a ellos. ¡Terminen, pues, de hacer lo que ellos comenzaron! Ustedes son unos mentirosos y unos malvados! Son tan malos como el veneno de una serpiente. ¡Por eso no se escaparán de ir al infierno! Yo les enviaré profetas, sabios y maestros, pero a algunos de ellos ustedes los matarán o los clavarán en una cruz, a otros los golpearán en las sinagogas, y a otros los perseguirán por todas las ciudades. Por eso, serán culpables de la muerte de toda persona buena en el mundo, comenzando por la muerte de Abel hasta terminar con la muerte del profeta Zacarías, que hijo de Berequías. A este profeta lo mataron entre el templo y el altar de los sacrificios. Les aseguro que todos ustedes serán castigados por esto.

Gente de Jerusalén, gente de Jerusalén! Ustedes matan a los profetas y a los mensajeros que Dios les envía. Muchas veces quise protegerlos, como protege la gallina a sus pollitos debajo de sus alas, pero ustedes no me dejaron. Su templo quedará abandonado. Les aseguro que a partir de este momento no volverán a verme, hasta que digan: Bendito el Mesías que viene en el nombre de Dios.

Aquí puedes darte cuenta el hombre debe  cuidar su comportamiento, que exista congruencia en lo que dice y en lo que hace, por lo tanto, es importante que el hombre obedezca a Dios, se apegue a su Palabra y cumpla sus mandamientos.

Ahora bien, lo esencial, para agradar a Dios es que el hombre con su actitud muestre humildad, sinceridad , que si quiere ser más importante que los demás debe aprender primero a servir a los demás.

Asimismo, si el hombre ofrece una promesa a Dios debe cumplirla pues es un compromiso que ha hecho al Señor, es como dar su palabra de honor y esta debe cumplirse a cabalidad pues así con su conducta demuestra que el hombre es bueno de verdad, que es obediente y cumple sus compromisos.

No obstante, a Dios le agrada que el hombre muestre sinceridad en todo lo que haga y que esté preparado en el conocimiento de Dios hasta que Jesús vuelva.


Con Alta Estima, 

jueves, 6 de noviembre de 2014

Ama a tu Dios con todo lo que piensas y con todo lo que eres…


Una vez más, Jesús les puso un ejemplo a los sacerdotes, a los líderes judíos y a los fariseos: En el reino de Dios pasa lo mismo que cuando un rey hizo una fiesta para celebrar la boda de su hijo. El rey envió a sus sirvientes para que llamaran a los invitados a la fiesta. Pero los invitados no quisieron ir. Entonces el rey envió a otros sirvientes con este mensaje: La comida ya está lista. He mandado preparar la carne de mis mejores terneros. ¡Vengan a la fiesta! Pero los invitados no hicieron caso, y cada uno se fue a hacer otras cosas. Uno fue a ver a sus terrenos, otro fue a atender su negocio, y los otros agarraron a los sirvientes del rey y los mataron a golpes.

El rey se enojó mucho, y envió a sus soldados para que mataran a esos invitados y quemaran la ciudad donde vivían. Luego, el rey dijo a sus sirvientes: La fiesta de bodas está lista, y aquellos invitados no merecían venir. Vayan por las calles, e inviten a todos los que encuentren para que vengan a la fiesta de bodas. Los sirvientes fueron a las calles de la ciudad e invitaron a muchas personas, unas malas y otras buenas; y así el salón de la fiesta se llenó de invitados.

Cuando el rey entró al salón para conocer a los invitados, vio a uno que no estaba bien vestido para la fiesta, y le dijo: ¡Oye, tú! ¿Cómo hiciste para entrar, si no estás vestido para la fiesta? Pero él no contestó nada. Entonces el rey les ordenó a sus sirvientes: Aténlo de pies y manos, y échenlo afuera, a la oscuridad; allí la gente llora y rechina de terror los dientes. Esto pasa porque son muchos los invitados a participar en el reino de Dios, pero son muy poco aquellos a los que Dios acepta.

Un día, los fariseos se reunieron y decidieron ponerle una trampa a Jesús, para hacer que dijera algo malo. Mandaron a algunos de sus seguidores, junto con unos partidarios del rey Herodes, para que dijeran a Jesús: Maestro, sabemos que siempre dices la verdad. Tú le enseñas a la gente que debe obedecer a Dios en todo. No te importa lo que digan los demás acerca de tus enseñanzas, porque tú no hablas para quedar bien con ellos. Dinos ahora qué opinas: ¿Está bien que le paguemos impuestos al emperador de Roma, o no?

Pero como Jesús conocía las malas intenciones que tenían, les dijo: ¡Hipócritas! ¿Por qué quieren ponerme una trampa? Muéstrenme una de las monedas que se usan para pagar el impuesto. Entonces le trajeron una moneda de plata, y Jesús les preguntó: ¿De quién es la imagen que está en la moneda? ¿De quién es el nombre que tiene escrito? Ellos contestaron: Del emperador romano. Jesús les dijo: Pues denle al emperador lo que es del emperador, y a Dios lo que es de Dios. Los fariseos quedaron asombrados al escuchar la respuesta, y se fueron.

Ese mismo día, unos saduceos fueron a ver a Jesús. Los saduceos no creían que los muertos pueden volver a vivir, y por eso le preguntaron: Maestro, Moisés escribió que, si un hombre muere sin tener hijos con su esposa, el hermano de ese hombre debe casarse con la viuda y tener hijos con ella. De acuerdo con la Ley, esos hijos le pertenecen al hermano muerto y llevan su nombre.

Pues bien, aquí vivieron una vez siete hermanos. El hermano mayor se casó, y tiempo más tarde murió sin tener hijos. Entonces el hermano que seguía se casó con la mujer que dejó el mayor, pero, tiempo después, también él murió sin tener hijos. Con el tercer hermano pasó lo mismo. Y así pasó con los siete hermanos. Finalmente, murió la mujer. Ahora bien, cuando Dios haga que los muertos vuelvan a vivir, ¿de quién será esposa esta mujer, si estuvo casada con los siete?

Jesús contestó: Ustedes están equivocados. Ni saben lo que dice la Biblia, ni conocen el poder de Dios. Cuando Dios haga que los muertos vuelvan a vivir, nadie se va a casar, porque todos serán como los ángeles del cielo. Y en cuanto a si los muertos vuelven a vivir, ustedes pueden leer en la Biblia lo que Dios le dijo a Moisés: Yo soy el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, tus antepasados. Por tanto, Dios no es Dios de muertos, sino de vivos, pues para Dios todos ellos están vivos. Al oír las enseñanzas de Jesús, la gente que estaba allí se quedó asombrada.

Cuando los fariseos se dieron cuenta de que Jesús había dejado callados a los saduceos, se reunieron y fueron a ver a Jesús. Uno de ellos, que sabía mucho acerca de la ley de los judíos, quiso ponerle una trampa y le preguntó: Maestro, ¿cuál es el mandamiento más importante de todos?

Jesús le respondió: El primer mandamiento, y el más importante, es el que dice así: Ama a tu Dios con todo lo que piensas y con todo lo que eres. Y el segundo mandamiento en importancia es parecido a ese, y dice así: Cada uno debe amar a su prójimo como se ama a sí mismo. Toda la enseñanza de la Biblia se basa en estos dos mandamientos.

Mientras los fariseos todavía estaban reunidos, Jesús les preguntó: ¿A qué familia pertenecerá el Mesías? Ellos respondieron: A la familia del rey David. Jesús les dijo: Con la ayuda del Espíritu Santo, David escribió: Dios le dijo a mi Señor el Mesías: Siéntate a la derecha de mi trono hasta que yo derrote a tus enemigos. A ver explíquenme: Si el rey David llama Señor al Mesías, ¿cómo puede el Mesías ser su descendiente? ¡Hasta David lo considera más importante que él mismo! Nadie pudo responderle a Jesús, y desde ese momento ya nadie se atrevió a hacerle más preguntas.

Aquí puedes darte cuenta que para Dios, lo fundamental es que el hombre confíe en El y obedezca sus mandatos para que esté preparado para participar en el reino de Dios, pero sabes, es esencial que el hombre muestre sinceridad con su conducta que cumple los mandamientos establecidos por El.

Ahora bien, lo esencial es que el hombre se apegue a su Palabra, que es la verdad y crea que Dios es un Dios que da vida, y entonces, su vida será edificada .

Por lo tanto, lo importante es que el hombre honre a Dios, lo ame con sus pensamientos y con todo su ser.

Con Alta Estima,

miércoles, 5 de noviembre de 2014

La piedra que rechazaron los constructores del templo es ahora la piedra principal.


Jesús y sus discípulos llegaron al pueblo de Betfagé y se detuvieron junto al Monte de los Olivos, ya muy cerca de la ciudad de Jerusalén. Al llegar allí, Jesús dijo a dos de sus discípulos: Vayan a ese pueblo que se ve desde aquí. Tan pronto como entren, van a encontrar una burra atada, junto con un  burrito. Desátenlos y tráiganmelos. Si alguien les dice algo, ustedes responderán: El Señor los necesita; enseguida se los devolverá.

Esto sucedió para que se cumpliera lo que Dios había anunciado por medio del profeta: Díganle a la gente de Jerusalén: ¡Miren, ahí viene su rey! El es humilde, viene montado en un burro, en un burrito.
Los dos discípulos fueron al pueblo e hicieron lo que Jesús les había ordenado. Llevaron la burra y el burrito, y pusieron sus manos sobre ellos. Jesús se montó y fue hacía Jerusalén. Muchas personas empezaron a extender sus mantos en el camino por donde iba a pasar Jesús. Otros cortaron ramas de árboles y también las pusieron como alfombra en el suelo. Y toda la gente, tanto la que iba delante de él como la que iba detrás gritaba: ¡Sálvanos, Mesías nuestro! ¡Bendito tú, que vienes en el nombre de Dios! Por favor, ¡sálvanos, Dios altísimo!

Cuando Jesús entró en la ciudad de Jerusalén, toda la gente se alborotó, y decía: ¿Quién es este hombre? Y los que venían con Jesús contestaban: ¡Es Jesús, el profeta! El es de Nazaret, el pueblo de Galilea.

Cuando Jesús entró en la ciudad de Jerusalén, fue al templo y empezó a sacar a todos los que estaban vendiendo y comprando cosas. Derribó las mesas de los que cambiaban dinero de otros países por dinero del templo, y también tiró los cajones de los que vendían palomas. Y les dijo: Dios dice en la Biblia: mi casa será llamada: Casa de oración. Pero ustedes la han convertido en cueva de ladrones.
Luego algunos ciegos, y otros que no podían caminar, se acercaron a Jesús, y él los sanó. Los sacerdotes principales y los maestros de la Ley se enojaron mucho al ver los milagros que él hacía, y al oír que los niños le gritaban alabanzas a Jesús, el Mesías. Por eso le dijeron: ¿Acaso no oyes lo que estos niños están diciendo? Jesús les contestó: Los oigo bien. ¿No recuerdan lo que dice la Biblia?: Los niños pequeños, los que aún son bebés, te cantarán alabanzas. Luego Jesús salió de Jerusalén y se fue al pueblo de Betania. Allí pasó la noche.

Muy de mañana, Jesús fue otra vez a la ciudad de Jerusalén. En el camino tuvo hambre, y vio por allí una higuera. Pero cuando se acercó, no encontró ningún higo para comer. El árbol sólo tenía hojas. Entonces, Jesús le dijo: ¡Nunca volverás a dar higos!

En aquel mismo instante, el árbol se secó. Y cuando los discípulos vieron lo que pasó, se asombraron, y preguntaron a Jesús: ¿Cómo fue que el árbol se secó tan rápidamente? Jesús les contestó: Les aseguro que si ustedes tienen confianza y no dudan del poder de Dios, todo lo que pidan en sus oraciones sucederá. Hasta podría hacer lo mismo que yo hice con la higuera, y más todavía. Si le dijeran a esta montaña: Quítate de aquí y échate en el mar, ellas los obedecería.

Jesús entró en el templo y comenzó a enseñar a la gente. Los sacerdotes principales y los líderes del país se acercaron a Jesús y le preguntaron: ¿quién te dio autoridad para hacer todo esto?
Jesús les contestó: Yo también voy a preguntarles algo: ¿quién le dio autoridad a Juan el Bautista para bautizar? ¿Dios o alguna otra persona? Si me responden eso, yo les diré quién me dio autoridad para hacer todo lo que han visto.

Ellos comenzaron a discutir y se decían unos a otros: Si respondemos que Dios le dio autoridad a Juan, Jesús nos preguntará por qué no le creímos. Por otro lado, nos da miedo decir que fue un ser humano quien se la dio; porque la gente cree que Juan era un profeta enviado por Dios. Entonces respondieron: No lo sabemos.

Jesús les dijo: Pues yo tampoco les diré quién me da autoridad para hacer todo esto. Jesús también les dijo: ¿qué opinan ustedes de esto que voy a contarles? Un hombre tenía dos hijos, y le dijo al mayor de ellos: Hijo, ve a trabajar en la viña. El le respondió: ¡No quiero ir! Pero después cambió de idea y fue a trabajar.

Luego el hombre también le dijo a su hijo menor que fuera a trabajar, y él le respondió: ¡Sí, señor, iré! Pero el muchacho en verdad no fue. ¿Cuál de los dos hijos hizo lo que el padre quería? Los sacerdotes y los líderes contestaron: El hijo mayor hizo lo que el padre le pidió. Jesús les dijo: Les aseguro que la gente de mala fama, como los cobradores de impuestos y las prostitutas, entrarán al reino de Dios antes que ustedes. Porque Juan el Bautista vino y les enseñó a hacer lo bueno y a obedecer a Dios, pero ustedes no le hicieron caso. En cambio, los cobradores y las prostitutas sí le hicieron caso. Y ustedes, aunque vieron eso, no cambiaron de idea, sino que siguieron sin creer en él.

Escuchen este otro ejemplo: El dueño de un terreno sembró una viña, y alrededor de ella construyó un cerco. Preparó un lugar para hacer vino con las uvas que cosechara, y construyó una torre para vigilar el terreno. Luego, alquiló la viña a unos hombres y se fue de viaje.
Cuando llegó el tiempo de la cosecha, el dueño del terreno envió a unos sirvientes para pedir la parte de la cosecha que le correspondía. Pero los que alquilaron la viña trataron  mal a los sirvientes. A uno de ellos lo golpearon, a otro lo mataron, y a otro le tiraron piedras.
Entonces el dueño envió más sirvientes que al principio, pero los hombres los trataron igual. 

Finalmente, el dueño envió a su hijo, porque pensó: Esos hombres si respetarán a mi hijo. Pero cuando los hombres vieron que había llegado el hijo del dueño, dijeron entre ellos: Este muchacho heredará la viña cuando el dueño muera. Vamos a matarlo; así nos quedaremos con todo.

Los hombres agarraron al muchacho, lo sacaron de la viña y lo mataron. Cuando venga el dueño de la viña, ¿qué piensan ustedes que hará con esos hombres? Ellos contestaron: El dueño matará sin compasión a esos malvados. Luego les alquilará la viña a otros hombres que le entreguen la parte de la cosecha que le corresponde.

Jesús les dijo: ¿No recuerdan lo que dice la Biblia? La piedra que rechazaron los constructores del templo es ahora la piedra principal. Esto nos deja maravillados pues Dios es quien lo hizo. Les aseguro que Dios les quitará a ustedes el derecho de pertenecer a su reino, y se lo dará a los que lo obedecen en todo. Cualquiera que caiga sobre la piedra que despreciaron los constructores,  quedará hecho pedazos. Y si la piedra cae sobre alguien, lo dejará hecho polvo.

Cuando los sacerdotes principales  y los fariseos escucharon estas comparaciones y ejemplos, se dieron cuenta de que Jesús hablaba de ellos. Entonces quisieron apresarlo, pero no se atrevieron a hacerlo. Y es que tenían miedo de la gente, porque la gente pensaba que Jesús era un profeta.

Aquí puedes darte cuenta que es fundamental que el hombre sea humilde en toda circunstancia; aprenda a imitar a Jesucristo, sobretodo, en obediencia , en sencillez, y que aprenda que a pesar de ser el Hijo de Dios, vino a vivir como hombre y padecer para redimir al mundo más  no ostentó un lugar de honor.

Por tanto, es imprescindible que el hombre valore este acto de amor y obedezca sus enseñanzas, que imite la pureza y candidez de un niño, esa sinceridad para alabar a Dios, que el hombre lo haga de todo corazón.

No obstante, es urgente que el hombre se vuelva a Dios, que lo busque diariamente en oración, que ponga su confianza en Dios y crea en su poder, pues Jesús fue enviado por Dios, quien le dio toda autoridad.

Por lo que el tiempo apremia, el mundo es un caos y el hombre no puede rechazar a Jesús, sino más bien, es ahora que el hombre debe acercarse a Dios, obedecer y cumplir sus mandamientos y por ende, cambie su manera de vivir para que pertenezca al reino de Dios.


Con Alta Estima,  

martes, 4 de noviembre de 2014

Si alguno de ustedes quiere ser importante, tendrá que servir a los demás...


En el reino de Dios sucede algo parecido a lo que pasó en una viña. El dueño salió muy de mañana a contratar hombres para que trabajaran en ella. Se puso de acuerdo con los trabajadores para pagarles el salario de un día completo, y los envió a trabajar. Como a las nueve de la mañana, el dueño volvió a salir, y en la plaza encontró a varios hombres que estaban desocupados. Les dijo: Vayan a trabajar a mi viña, y les pagaré un salario justo. Los hombres aceptaron y fueron a trabajar. Como a las doce del día, el dueño volvió a hacer lo mismo; y salió otra vez a las tres de la tarde. Ya eran las cinco de la tarde cuando el dueño fue de nuevo a la plaza, y vio a otros hombres desocupados. Entonces les preguntó: ¿Por qué han estado ahí todo el día sin hacer nada?

Ellos le contestaron: ¡Porque nadie nos ha dado trabajo! El dueño les dijo: Vayan a trabajar a mi terreno. Cuando se hizo de noche, el dueño le dijo al jefe de los trabajadores: Llama a cada uno de los trabajadores y págales, comenzando por los últimos que vinieron, y terminando por los que vinieron primero.

Entonces se acercaron los trabajadores que llegaron a las cinco de la tarde y recibieron el salario de un día completo. Después, cuando pasaron los que habían llegado primero, muy de mañana, pensaron que a ellos les pagarían mucho más. Pero cada uno de ellos recibió el mismo salario de un día completo. Después de recibir el dinero, esos trabajadores comenzaron a hablar mal del dueño de la viña y le dijeron: Los que llegaron a las cinco de la tarde sólo trabajaron una hora, pero usted les pagó a ellos lo mismo que a nosotros, que trabajamos todo el día aguantando el calor. Eso no es justo.

Pero el dueño le contestó a uno de ellos: ¡Mira, amigo! Yo no he sido injusto contigo. Recuerda que los dos acordamos que tu trabajarías por el salario de un día completo. Toma el dinero que te ganaste, y vete. No es problema tuyo que yo les pague lo mismo a los que vinieron a las cinco. Yo puedo hacer con mi dinero lo que me parezca, ¿Por qué te da envidia que yo sea bueno con los demás? Jesús terminó diciendo: Así los que ahora son los primeros, serán los últimos; y los que ahora son los últimos serán los primeros.

Mientras Jesús iba hacia Jerusalén, en el camino reunió a sus doce discípulos y les dijo: Como pueden ver, ahora vamos a Jerusalén. Y a mí, el Hijo del hombre, me entregarán a los sacerdotes principales y a los maestros de la Ley. Ellos dirán que debo morir, y me entregarán a mis enemigos para que se burlen de mí, y para que me golpeen y me hagan morir en una cruz. Pero después de tres días, resucitaré.

La madre de Santiago y Juan, que eran dos de los discípulos, fue con ellos a hablar con Jesús. Cuando llegaron, ella se arrodilló delante de Jesús para pedirle un favor. Jesús le preguntó: ¿Qué es lo que quieres? Ella le dijo: Por favor, ordena que, cuando estés sentado en el trono de tu reino, mis hijos se sienten siempre junto a ti, uno a tu derecha y otro a tu izquierda.

Jesús respondió: Ustedes no saben lo que piden. ¿Están dispuestos a sufrir todo lo malo que va a pasarme? Ellos le dijeron: Si, lo estamos. Jesús les dijo: Les aseguro que ustedes sufrirán mucho, igual que yo. Pero sólo mi Padre decide quiénes serán los más importantes en mi reino. Eso no lo decido yo.

Cuando los otros diez discípulos se dieron cuenta de todo esto, se enojaron con Santiago y Juan. Entonces Jesús los llamó a todos y les dijo: En este mundo, como ustedes bien saben, los jefes de los países gobiernan sobre sus pueblos y no los dejan hacer absolutamente nada sin su permiso. Además, los líderes más importantes del país imponen su autoridad sobre cada uno de sus habitantes. Pero entre ustedes no debe ser así. Al contrario, si alguno de ustedes quiere ser importante, tendrá que servir a los demás. Si alguno quiere ser el primero, deberá ser el esclavo de todos. Yo, el Hijo del hombre, lo hago así. No vine a este mundo para que me sirvan, sino para servir a los demás., Vine para dar mi vida por la salvación de muchos.

Cuando Jesús salió de la ciudad de Jericó en compañía de sus discípulos, mucha gente lo siguió. Junto al camino estaban sentados dos ciegos. Cuando oyeron que Jesús iba pasando, comenzaron a gritar: ¡Señor, tú que eres el Mesías, ten compasión de nosotros y ayúdanos!

La gente comenzó a reprender a los ciegos para que se callaran, pero ellos gritaron con más fuerza todavía. ¡Señor, tú que eres el Mesías, ten compasión de nosotros y ayúdanos! Entonces Jesús se detuvo, llamó a los ciegos y les preguntó: ¿Qué quieren que haga por ustedes? Ellos le respondieron: Señor, haz que podamos ver de nuevo. Jesús tuvo compasión de ellos, y les tocó los ojos. En ese mismo instante, los ciegos pudieron ver de nuevo y siguieron a Jesús.

Aquí puedes darte cuenta que Dios es un Dios justo y es bueno con todos; Dios quiere que el hombre se aparte de la maldad, del odio, de la envidia entre unos y otros, pues lo fundamental es que el hombre se comprometa con Dios, que lleve una vida de acuerdo a sus enseñanzas, que aprenda a ser agradecido con el Dios Altísimo por su infinito amor, por haber enviado a su Hijo Jesús para dar su vida en sacrificio en la cruz y redimir al mundo.

Ahora bien, Jesús vino a salvar a la humanidad y servir a los demás. Por lo tanto, si alguna persona quiere ser el primero o el más importante deberá servir a los demás.


Con Alta Estima,

Si quieres vivir de verdad, obedece los mandamientos.


Cuando Jesús terminó de enseñar, salió de la región de Galilea y se fue a la región de Judea, al este del río Jordán. Mucha gente lo siguió, y allí sanó a todos los que estaban enfermos. Algunos de los fariseos llegaron para tenderle una trampa. Entonces le preguntaron: ¿Puede un hombre divorciarse de su esposa por cualquier razón?

Jesús les respondió: ¿No recuerdan lo que dice la Biblia? En ella está escrito que, desde el principio, Dios hizo al hombre y a la mujer para que vivieran juntos. Por eso Dios dijo: El hombre tiene que dejar a su padre y a su madre, para casarse y vivir con su esposa. Los dos vivirán como si fueran una sola persona. De esta manera, los que se casan ya no viven como dos personas separadas, sino como si fueran una sola persona. De esta manera, los que se casan ya no viven como dos personas separadas, sino como si fueran una sola. Por tanto, si Dios ha unido a un hombre y a una mujer, nadie debe separarlos.

Los fariseos le preguntaron: Entonces, ¿por qué Moisés nos dejó una ley, que dice que el hombre pues separarse de su esposa dándole un certificado de divorcio? Jesús les respondió: Moisés les permitió divorciarse porque ustedes son muy tercos y no quieren obedecer a Dios. Pero Dios, desde un principio, nunca ha querido que el hombre se separe de su esposa. Y yo les digo que, si su esposa no ha cometido ningún pecado sexual, ustedes no deben divorciarse de ella ni casarse con otra mujer. Porque si lo hacen, serán castigado por ser infieles en el matrimonio.

Los discípulos le dijeron a Jesús:  Si eso pasa entre el esposo y la esposa, lo mejor sería no casarse. Jesús les contestó: Esta enseñanza sólo la entienden las personas a quienes Dios les da como regalo el no casarse. Es cierto que algunos no pueden casarse porque, desde antes de nacer, tienen algo que se lo impide. Otros no pueden casarse porque alguien les ha dañado el cuerpo, Pero también hay personas que no se casan, para dedicarse a trabajar solamente para el reino de Dios. Por eso, esta enseñanza es sólo para quienes decidan vivir así.

Algunas madres llevaron a sus niños para que Jesús pusiera sus manos sobre ellos y orara. Pero los discípulos las regañaron. Entonces Jesús les dijo a sus discípulos: Dejen que los niños se acerquen a mí. No se lo impidan; porque el reino de Dios es de los que son como ellos. Jesús puso su mano sobre la cabeza de cada uno de los niños, y luego se fue de aquel lugar.

Un joven vino a ver a Jesús y le preguntó: Maestro, ¿qué cosa buena debo hacer para tener vida eterna? Jesús le contestó: ¿Por qué me preguntas qué cosa es buena? Sólo Dios es bueno. Si quieres vivir de verdad, obedece los mandamientos. El joven preguntó: ¿Cuáles mandamientos?

Jesús le dijo: No mates; no seas infiel en tu matrimonio; no robes, no mientas para hacerle daño a otra persona; obedece y cuida a tu padre y a tu madre, ama a los demás tanto como te amas a ti mismo. Entonces el joven dijo: Todos esos mandamientos los he obedecido. ¿Qué más puedo hacer?

Jesús le dijo: Si quieres ser perfecto, vende todo lo que tienes y repártelo entre los pobres. Así, Dios te dará un gran premio en el cielo. Luego ven y conviértete en uno de mis seguidores. Cuando el joven oyó eso, se fue muy triste, porque era muy rico. Jesús entonces les dijo a sus discípulos: Les aseguro que es muy difícil que una persona rica entre en el reino de Dios. En realidad, es más fácil para un camello pasar por el ojo de una aguja, que para una persona rica entrar en el reino de Dios.

Los discípulos se sorprendieron mucho al oír lo que Jesús dijo, y comentaban entre ellos: Entonces, ¿quién podrá salvarse? Jesús los miró y les dijo: Para la gente, lograr eso es imposible, pero para Dios todo es posible. Pedro le contestó: Recuerda que nosotros hemos dejado todo lo que teníamos, y te hemos seguido. ¿Qué premio vamos a recibir?

Jesús les respondió: Les aseguro que todos ustedes reinarán conmigo cuando yo, el Hijo del hombre, me siente en el trono de mi reino poderoso. Entonces Dios cambiará todas las cosas y las hará nuevas. Cada uno de ustedes gobernará a una de las doce tribus de Israel. Y todos los que, por seguirme, hayan dejado a su esposa y a sus hijos, a sus hermanos o a sus hermanas, a su padre o a su madre, su casa o un terreno, recibirán cien veces más de lo que dejaron, y tendrán además vida eterna. Pero muchas personas que ahora son importantes, serán las menos importantes, y muchos que ahora no son importantes, serán los más importantes.

Aquí puedes darte cuenta que sólo Dios es bueno, sólo El cambia todas las cosas y las hace nuevas, para Dios lo importante es que el hombre sea humilde en cualquier circunstancia, sobre todo si el hombre quiere agradar a Dios debe vivir de acuerdo a sus enseñanzas, obedeciendo sus mandamientos.

No obstante, el hombre debe esforzarse cada día, poner su vida en las manos de Dios y permitir que sea la voluntad de Dios la que obre en su ser interior, que desarrolle un alto nivel de conciencia y le ayude a tomar sabias decisiones, mostrando una buena conducta a los demás pues Jesús vive en su corazón y es el espíritu de Dios quien guía su camino.

Ahora bien, si el hombre quiere ser perfecto, debe vivir apegado a su Palabra y compartir su mensaje con otros pues seguir al Señor, es dejar todas sus pertenencias, su familia, y ayudar a otros; quizá el hombre piense que este costo es muy alto, pues la razón humana mide las cosas desde otra perspectiva, predominando lo material, más el de Dios, con su amor incondicional para la humanidad, El quiere que el hombre tenga vida eterna, pero sabes, para que la gente logre eso es imposible pero para Dios todo es posible.


Con Alta Estima,

sábado, 1 de noviembre de 2014

¡ qué mal le irá a quien haga que otro desobedezca a Dios!...


En esa misma ocasión, los discípulos le preguntaron a Jesús: ¿Quién es el más importante en el reino de Dios? Jesús llamó a un niño, lo puso en medio de ellos, y les dijo: Les aseguro que para entrar en el reino de Dios, ustedes tienen que cambiar su manera de vivir y ser como niños. Porque en el reino de Dios, las personas más importantes son humildes como este niño. Si alguien acepta a un niño como este, me acepta a mí.

Pero si alguien hace que uno de estos pequeños seguidores míos deje de confiar en mí, merece que aten al cuello una piedra enorme y lo tiren al fondo del mar. Muchas cosas en el mundo hacen que la gente desobedezca a Dios, y no hay manera de evitarlo. Pero ¡qué mal le irá a quien haga que otro desobedezca a Dios!

Si lo que haces con tu mano o con tu pie te hace desobedecer a Dios, mejor córtatelos y tíralos bien lejos. Es mejor vivir para siempre sin una mano o sin un pie, que ir al infierno con las dos manos y los dos pies. Si lo que ves con tu ojo te hace desobedecer a Dios, mejor sácatelo y tíralo lejos. Es mejor vivir para siempre con un solo ojo, que ser echado al infierno con los dos.

Recuerden: No desprecien a ninguno de estos pequeños, porque a ellos los cuidan los ángeles del cielo. ¿Qué opinan? Si uno de ustedes tiene cien ovejas y se da cuenta de que ha perdido una, ¿acaso no deja las otras noventa y nueve en la montaña y se va a buscar la oveja perdida? Y si la encuentra, de seguro se alegrará más por esa oveja que por las otras noventa y nueve que no se habían perdido. De la misma manera, el Dios y Padre de ustedes no quiere que ninguno de estos pequeños se pierda y quede separado de él para siempre.

Si uno de mis seguidores te hace algo malo, habla con él a solas para que reconozca su falta. Si te hace caso, lo habrás ganado de nuevo. Si no te hace caso, llama a uno o dos seguidores míos, para que te sirvan de testigos. La Biblia enseña que toda acusación debe hacerse frente a dos o más testigos. Y si aquel no les hace caso, infórmalo a la iglesia.  Y si tampoco quiere hacerle caso a la iglesia, tendrás que tratarlo como a los que no creen en Dios, o como a uno de los que cobran impuestos para el gobierno de Roma.

Les aseguro que cualquier cosa que ustedes prohíban aquí en la tierra, desde el cielo Dios la prohibirá. Y cualquier cosa que ustedes permitan, también Dios la permitirá. Les aseguro que si dos de ustedes se ponen de acuerdo, aquí en la tierra para pedirle algo a Dios que está en el cielo, él se lo dará. Porque allí donde dos o tres de ustedes se reúnan en mi nombre, allí estaré yo.

Entonces Pedro se acercó a Jesús y le preguntó: Señor, si un miembro de la iglesia me hace algo malo, ¿cuántas veces debo perdonarlo?¿Sólo siete veces? Jesús le contestó: No basta con perdonar al hermano sólo siete veces. Hay que perdonarlo una y otra vez; es decir, siempre.

En el reino de Dios sucede algo parecido a lo que cierta vez sucedió en un país. El rey mandó llamar a sus empleados para que le informaran cómo andaban sus negocios y para que le pagaran todo lo que le debían.

Cuando comenzó a sacar cuentas, le llevaron un empleado que le debía sesenta millones de monedas de plata. Como el empleado no tenía dinero para pagar, el rey ordenó que lo vendieran como esclavo, junto con su esposa y sus hijos, y que vendieran también todo lo que tenía. Así, con el dinero de esa venta, la deuda quedaría pagada.

Pero el empleado se arrodilló delante del rey y le suplicó: Señor, déme usted un poco más de tiempo y le pagaré todo lo que le debo. El rey sintió compasión de su empleado y le dijo: Vete tranquilo, te perdono todo lo que me debes. Al salir del palacio del rey, ese empleado se encontró con un compañero que le debía cien monedas de plata. Lo agarró por el cuello y le dijo: ¡Págame ahora mismo lo que me debes!

El compañero se arrodilló delante  de él y le suplicó: Dame un poco más de tiempo y te lo pagaré todo. Pero aquel empleado no quiso darle tiempo, y mandó que metieran a su compañero en la cárcel, hasta que pagara el dinero que le debía.

Los otros compañeros, al ver lo que había pasado, se molestaron mucho y fueron a contárselo al rey. Entonces el rey mandó llamar a aquel empleado y le dijo: ¡Qué malvado eres! Te perdoné todo lo que me debías, porque me lo suplicaste. ¿Por qué no tuviste compasión de tu compañero, así como yo la tuve de ti?

El rey se puso furioso, y ordenó que castigaran a ese empleado hasta que pagara todo lo que le debía. Jesús terminó diciendo: Lo mismo hará Dios mi Padre con cada uno de ustedes, si no perdonan sinceramente a su hermano.

Aquí puedes darte cuenta que para Dios lo más importante es que el hombre sea humilde, que confíe en el Señor, que obedezca sus enseñanzas, que muestre humildad como un niño, pues sabes, Dios mira el corazón de cada persona y El desea que todo hombre sea purificado en su manera de vivir.

Por tanto, lo esencial es que el hombre enseñe al niño amar a Dios, que El sea la prioridad en su corazón y obedezca sus mandamientos, y por ende, cuando sea hombre amará a su prójimo, ayudándose unos a otros, siendo compasivos y perdonándose mutuamente, un sin fin de veces y recordando, que donde dos o tres estén reunidos para alabarlo, la presencia de Dios estará con ellos.


Con Alta Estima,

viernes, 31 de octubre de 2014

Ustedes están confundidos y no confían en Dios…


Seis días después, Jesús llevó a Pedro y a los hermanos Santiago y Juan hasta un cerro alto, para estar solos. Frente a ellos, Jesús se transformó: Su cara brillaba como el sol, y su ropa se puso tan blanca como la luz del mediodía.

Luego los tres discípulos vieron aparecer a Moisés y al profeta Elías, y ellos conversaban con Jesús. Entonces Pedro le dijo a Jesús: Señor, ¡qué bueno que estemos aquí! Si quieres, voy a construir tres enramadas: una para ti, una para Moisés y otra para Elías.

Mientras Pedro hablaba, una nube brillante vino y se detuvo sobre ellos. Desde la nube se oyó una voz que decía: Este es mi Hijo, yo lo amo mucho y estoy muy contento con él. Ustedes deben obedecerlo. Al oír esto, los discípulos se tiraron al suelo, y no se atrevían a mirar, pues tenían mucho miedo. Jesús se acercó, los tocó y les dijo: Levántense y no tengan miedo.

Cuando los discípulos se levantaron, vieron que Jesús estaba solo. Mientras bajaban del cerro, Jesús les ordenó: No le cuenten a nadie lo que han visto hasta que yo, el hijo del hombre, haya muerto y resucitado. Los discípulos le preguntaron: ¿Por qué los maestros de la Ley dicen que el profeta Elías va a venir antes que el Mesías? Jesús les respondió: Eso es verdad. Elías viene primero, para prepararlo todo. Sin embargo, les aseguro que Elías ya vino; pero la gente no lo reconoció, y lo trataron como quisieron. A mí, el Hijo del hombre, también me tratarán así, y sufriré mucho. Los tres discípulos entendieron que Jesús estaba hablando de Juan el Bautista. 

Cuando llegaron a donde estaba la gente, un hombre se acercó a Jesús, se arrodilló ante él y le dijo: ¡Señor, ten compasión de mi hijo y ayúdalo! Está muy enfermo y sufre de terribles ataques. Muchas veces, cuando le da un ataque, cae al fuego o al agua. Lo traje para que tus discípulos lo sanaran, pero no han podido hacerlo.

Jesús contestó: Ustedes están confundidos y no confían en Dios. ¿Acaso no pueden hacer nada sin mí? ¿Cuándo van a aprender? ¡Tráiganme aquí al muchacho! Jesús reprendió al demonio que estaba en el muchacho, y lo obligó a salir. El muchacho quedó sano. Poco después, los discípulos llamaron a Jesús aparte y le preguntaron: ¿Por qué nosotros no pudimos sacar ese demonio?

Jesús les respondió: Porque ustedes no confían en Dios. Les aseguro que si tuvieran una confianza tan pequeña como un grano de mostaza, podrían ordenarle a esta montaña que se moviera de su lugar, y los obedecería. ¡Nada sería imposible para ustedes¡

Mientras viajaban juntos por la región de Galilea, Jesús les dijo a sus discípulos: Mis enemigos me van a traicionar, y me matarán. Pero yo, el Hijo del hombre, resucitaré al tercer día. Al oír eso, los discípulos se pusieron muy tristes.

Cuando Jesús y sus discípulos llegaron al pueblo de Cafarnaúm, los que cobraban el impuesto para el templo fueron a preguntarle a Pedro: ¿Paga tu maestro el impuesto para el templo? Pedro contestó: Sí, lo paga. Cuando Pedro entró en la casa donde estaban todos, Jesús le habló primero y le dijo: Dime, Pedro, ¿a quiénes cobran los reyes impuestos y contribuciones? ¿A los ciudadanos de su reino, o a los extranjeros?

Pedro contestó: A los extranjeros. Jesús dijo: Entonces, los ciudadanos del reino no tienen que pagar impuestos. Sin embargo, para que estos cobradores no se enojen, ve al mar y echa tu anzuelo. Ábrele la boca al primer pez que saques, y allí encontrarás una moneda. Toma ese dinero, y paga mi impuesto y el tuyo.

Aquí puedes darte cuenta que el hombre al aceptar a Jesús en su corazón, pone su confianza en El y entonces el hombre puede tener autoridad en hacer las cosas pues el Espíritu de Dios estará con él.
Lo esencial, es que el hombre muestre obediencia a Dios, que sacie su hambre a través de su Palabra, pues ésta es la verdad, es la luz que guía para que el hombre siga el camino recto.

Así es que el tiempo apremia, es el momento que el hombre se arrepienta de todo lo malo, que muera al “yo” y pida perdón al Señor. Es hora de que el hombre busque a Dios, que cambie su manera de pensar, que se apegue a su Palabra para que avive su fe en Jesucristo y pueda avanzar en su vida espiritual.

Mientras tanto, el hombre no debe estar confundido, debe tener su mirada puesta en Jesús y dependiendo de la confianza en Dios, como el espíritu de Dios está en él, el hombre por fe puede tener poder para hacer todo posible.


Con Alta Estima,